13 de enero de 2014

2013-11-24. Linares & Linares


Ruta BTT Linares de Riofrío.     
Por Manuel (piru)


Durante una de nuestras rutas normales de BTT, surgió la brillante y feliz idea, de realizar una travesía por la majestuosa Sierra de las QUILAMAS. El ímpetu por explorar tierras desconocidas, hizo que tomáramos la firme decisión, de ponerla en práctica. Nuestra imaginación comenzó a volar y el deseo por recorrer aquellos parajes de la Sierra Salmantina, aceleró los trámites necesarios, para la realización de la actividad.
Después de mucho sopesar, al final logramos concretar una fecha. El día elegido resultó ser; el Domingo 24 Noviembre 2013. El prematuro frío otoñal, hizo estragos en nuestros aguerridos compañeros, reduciendo considerablemente la asistencia, a este fastuoso evento. 


Las caprichosas cosas que tiene el destino, hizo que varios asiduos a las rutas extraordinarias, les resultara totalmente imposible acudir a la llamada de la montaña. Con estas pesquisas y un sinfín de contratiempos, un número reducido de 8 valientes Beteteros, decidieron plantar batalla a ese imponente lugar, coronado insultantemente por el Pico Cervero (1465m).





A las 7:30 de la mañana, nos dimos cita; Iván, Chema, Fidel, Manuel (Pichi), Cristi, Pepe Tiédra, Cristian y un servidor (Manuel Piru), con el diáfano objetivo, de disfrutar de una buena mañana de Mountain Bike. El oscuro y nebuloso despertar, presagiaba la dureza climatológica .Las ganas de aventura, nos invadieron por completo. Cargamos las bicis con celeridad y pusimos rumbo a lo desconocido. El ambiente estaba cargado de energía positiva y un buen rollo, ocupaba cada parte interior del vehículo. Tenía la sensación de esos grandes días, ya que mi corazón se aceleraba por momentos. Durante el trayecto, la ilusión por conocer la zona, era más que palpable. Las conversaciones se solapaban simultáneamente. Parecíamos chiquillos, disfrutando de la llegada de los reyes magos. Como es habitual en estos tiempos, la crisis española, hizo acto de presencia en nuestro extenso dialogo. Cada uno aporto sus puntos de vista, las causas, consecuencias y las posibles soluciones. Los Kilómetros pasaban rápidamente. 

Sin apenas darnos cuenta, llegamos a Linares de Riofrío, punto de partida de nuestra ruta 
La fría mañana, invitaba a tomar algo caliente. Después de aparcar nuestros coches al lado de la iglesia, procedimos acudir a un bar del pueblo. Según avanzamos en nuestro recorrido, pudimos observar, que es tierra betetera, ya que las bicis se alzaban como estatuas errantes, por encima de las bacas de los coches. Tomando el café, notamos la presencia de un grupo de ciclistas Peñarandinos, conocidos como los “rápidos”, que decidieron no acompañarnos en nuestra aventura.

 Activamos nuestro organismo y nos pusimos en movimiento. Preparamos nuestras burras mecánicas y

decidimos realizar la primera foto de partida. Cristi era el encargado de guiarnos por aquel precioso y espectacular paisaje, del bosque de la Honfria. Empezamos a observar la majestuosidad del lugar, que con el rocío otoñal, le daba un aspecto misterioso y embriagador. 
Sin apenas darnos cuenta, comenzamos a trascurrir por el terreno primoroso. La orografía panorámica, sugería la verticalidad del terreno y la dirección del Pico Cervero. Tomamos la delantera del grupo, Cristian y yo (Manuel Piru), para inmortalizar en el recuerdo, las instantáneas de esta grandiosa aventura.



Seguimos avanzando por la sierra Quilameña, percatándonos de toda la flora y fauna. Las hojas caídas del otoño, nos trasportaban fugazmente a edades antiguas, donde nosotros nos convertíamos en legiones romanas, que queríamos invadir este vástago terreno. 
Nuestra actitud jovial, marcaba el ritmo de la subida. Las risas y los chascarrillos no dejaban de sucederse .Pasamos por unos muros y la imagen de la cima, hizo acto de presencia. Engalanada con una cruz, el pico Cervero se mostraba desafiante, ante unos humildes ciclistas, que tenían la osadía de alcanzar su cumbre. Decidimos tomar unas fotos y cerciorarnos de la dureza de las últimas rampas.

Antes de comenzar la parte dura de la subida, nos encontramos con un par de rezagados del grupo de los “rápidos”. Les invitamos a que nos acompañaran y estos aceptaron de buen grado. A medida que comenzábamos a subir, el abrupto terreno, nos enseñaba sus dientes. La pendiente zigzagueante, comenzaba hacer estragos y el grupo empezó a estirarse. En el último giro pudimos percatarnos de la proximidad de la cima. Aceleramos el paso, con el ansioso 
deseo de hollar esta cumbre tan emblemática. 




El frio era congelador, muestra inequívoca de
la cota y del extraño día elegido. La subida había resultado ser exigente, y nos encontrábamos a pocos metros de nuestro objetivo. Divisamos una parte asfaltada de camino, que indica claramente, la parte final de este hermoso pico. En pocos segundos y de un valioso esfuerzo, llegamos a la cumbre.

La niebla, ocultaba las vistas tan espectaculares, que se visualizaban de la zona. La escarcha en el suelo, denotaba el panorama tan frívolo del lugar. El viento incesante, mostraba la cara más amarga de la altitud, dando un punto de dureza extrema, a la extraordinaria subida que acabamos de realizar. La caseta y la cruz que coronan el pico, brillaban blancamente en lo alto del pedestal, de esta Sierra Salmantina .Muestra de nuestro esfuerzo, el sudor era palpable en las partículas de la ropa, que sumado al viento, hacia inestable permanecer en el lugar.




Decidí abrocharme el chubasquero y tomar referencia gráfica, a medida que mis compañeros 
hacían acto de presencia en la milenaria cumbre .Cuando todos pisaron cima, hicimos foto de grupo y tomamos la drástica decisión, de descender vertiginosamente. 
No nodíamos permanecer más en el lugar, si no quisiéramos perecer por congelación.

Comenzamos la bajada, un poco arriesgada por la inestabilidad del terreno. A medida que descendíamos, la confianza iba en aumento y nuestra velocidad competía ferozmente, con los vehículos a motor. Apreciamos que la congelación, era más que evidente. Los dedos de las manos perdían paulatinamente sensibilidad. Pero la bajada era muy bonita, grotescamente divertida. Pronto observamos, la cercanía de un pueblo, donde pararíamos a reponer fuerzas.
La emocionante y espectacular bajada, dejaba huella en los dedos de nuestras manos. Pocos eran los valientes, que callaban esa sensibilidad tan estremecedora, que hacía que una parte de tu cuerpo, te abandonara por completo. El viento soplaba gélidamente y decidimos resguardarnos entre la fachadas de las casas del pueblo, donde era imperceptible. Para nuestra sorpresa, había unos bancos de piedra, que invitaban al descanso. Repusimos energía, tomando unas barritas y geles reconfortantes. Las risas se sucedían y las conversaciones parecían no acabarse. El estado del grupo, era más que prometedor. 
Nos encontrábamos exultantes, después de la hazaña realizada. Decidimos tomar una foto, que constatara nuestro paso por el pueblo de Navarredonda de la Rinconada. 



Comenzábamos a quedarnos fríos y decidimos continuar la marcha. Seguimos fielmente las instrucciones de Cristi, que nos guiaba a la perfección, por esos terrenos abruptos de la Sierra de las Quilamas. La zona dejaba entrever, la estación en la que nos encontrábamos. Las hojas caídas en el suelo, eran la mejor alfombra que unos locos amantes de la BTT, podían tener. El sol tímidamente, comenzó hacer acto de presencia, como un despertar de vida, en ese misterioso lugar. Me adelante varios metros, para retratar el paso de la comitiva. Reanude la marcha, con la sorpresa intrínseca, que conlleva la inclinación de una rampa larga y durísima. Solo quedaba pedalear, sin vaciarse, a sabiendas de lo que nos depararía la ruta. El terreno mostro su cara más amarga, a través de las irregularidades y piedras que nos encontrábamos en el camino (vaya dolor de huevos). A la cabeza del grupo, nos encontrábamos Cristian y yo (Manuel Piru). Pronto pudimos observar el cruce de caminos, donde haríamos un alto, para recomponer la formación y tomar un poco de aire.







A medida que el grupo iba llegando, tomamos referencias fotográficas del paso de estos valientes ciclistas. La rampa había sido larga y exigente y a más de uno, comenzaba a pasar factura el esfuerzo realizado. Pudimos observar impunemente, la esplendorosa divinidad de la zona y el paraje por donde cohabitamos. Un gran estruendo, nos puso en aviso que estamos en época de caza. Llegamos a visualizar el maldito cartel que avisa de monterías,que cercena drásticamente, nuestra libertad de recorrer el monte público. Definitivamente estábamos en terreno Transmoruchil, como diría un buen compañero de batallas. El olor serranil, penetraba gustosamente nuestras cavidades pulmonares, dándole pureza a todo lo que inhalábamos. 




Hicimos jocosos comentarios, de la singular y extraordinaria encerrona, que el amigo Cristi 
había programado. No nos la esperábamos casi nadie o sí. Decidimos descender a otro punto El descenso como siempre vertiginoso. Los más alocados del grupo, se tiraron a

tumba abierta. La adrenalina que produce jugarte el tipo en las bajadas, reconforta como una droga estimulante y placentera, muy equiparable al opio. Muchas veces no piensas en el riesgo que asumes, pero la confianza en uno mismo, borra todas las dudas que surgen en tu cabeza. 
Llegamos a un cruce de caminos y decidimos esperar al grupo, para que nos indicaran la ruta a En este punto, nos despedimos de Paco y Manolo, pertenecientes al otro grupo Peñarandino. 
Aquí daban por finalizaba su aventura y ponían rumbo a Linares de Riofrío. Nosotros procedimos a seguir la ruta marcada por Cristi. Había varias vallas, que incitaban a traspasarlas, pero el desconocimiento del lugar, impedía adentrarnos en lo desconocido. 

Encontramos un Betetero de la zona, donde pudimos intercambiar opiniones, para esclarecer el trayecto a seguir. Nos desaconsejo seguir por un camino, donde la dura rampa, hacia impenetrable al más valiente de los ciclistas. Nuestro amigo Cristi, se sintió dolido en la parte más banal del ser humano, que es el orgullo. Muestra de su tozudez, decidimos hacer caso omiso, de las sabias palabras del lugareño. Reanudamos la marcha, pero a pocos metros de continuar, vio perfectamente en el GPS, que seguíamos el rumbo equivocado. Las risas florecieron en el ambiente y un traspié lo tiene cualquiera. Hay que reconocer la loable labor de Cristi. Es un placer disfrutar de las rutas que planifica y diseña. Estoy seguro que sin él, las cosas no son las mismas y para mí, es el mejor director de “orquesta”. Pusimos rumbo al “track” marcado. Se presentaba ante nosotros, una rampa muy inclinada, pero corta. Acto seguido, le comente a Cristi, la idea de deshacernos del impermeable, ya que por su poca traspiración, resultaba incomodo prolongar la marcha. Decidimos quitarnos el chubasquero, que nos servía para mantener el calor en las bajadas, pero nos resultaba muy agobiante en las subidas. Desde este punto de vista pude comprobar fehacientemente, la dureza de la rampa. En cabeza iba Cristian y el lugareño, seguido del resto de integrantes. Algunos decidieron poner pie a tierra, muestra evidente, de la perversa inclinación que se gastaba la dichosa cuesta. Alcance al grupo, menos a los dos que iban por delante, porque estaban inmersos en un pique y el ritmo que imprimían era fuerte y constante, como dos pavos reales, que escenifican sus mejores bailes. 

Continuaron la marcha, sin percatarse de mi parada, ya que en lo alto de la loma, decidí esperar al grupo. Tome referencia gráfica del lugar y del paso de mis compañeros. La rampa, había resultado ser demasiado exigente y como prueba de dureza, Fidel notó en sus piernas, unas pequeñas molestias en forma de calambres, que atenazaban toda la musculatura. El sol se mostraba incandescente, pulcro y reluciente .Nos aportaba calor y color, en una fresca mañana de Noviembre. El lugar era idílico y sumamente perfecto, para la práctica de Mountain Bike. La brisa de la Sierra acariciaba nuestros rostros y potenciaba el oxígeno que respirábamos. ¡Qué maravilla de zona!... ¡Espectacular! , sin palabras…. La ruta estaba resultando increíble y la compañía extraordinaria.

Desde lo alto de la loma, se apreciaba la irregularidad y variedad del terreno. Una portera,
incitaba a traspasarla, con la idea de trascurrir libremente, en busca de nuevas aventuras, sin caminos marcados, escudriñar trialeras y tramos complicados. Pero el desconocimiento y la peligrosidad del lugar, nos hizo desistir, con el proyecto en mente, de volver. Decidimos reanudar la marcha y según bajábamos, nos encontramos con Cristian, que nos esperaba preocupado y ansioso por la tardanza del grupo. Se había despedido del aldeano y desconocía la parada que habíamos realizado. Otra bajada técnica y chula, desemboco en una súper mega rampa inclinada, más dura que la radical de Alaraz. Conversamos arduamente, lo difícil que sería subirla. Hicimos unas cuantas fotos y prometimos volver en otra ocasión, para escalarla con nuestras máquinas de acero. Creo que todos lo dijimos con la boca chica, jejejeje… Impresionante, pero quién dijo miedo?. Era tremendamente vertical, con una pendiente a prueba de valientes. Pero en mi subconsciente, suscitaba la idea de intentarlo, pero desistí por completo. Baje lentamente, porque seguía dando vueltas al asunto. La rampa tenía tramos muy complicados y muy técnicos. Finalizamos la bajada y dimos a parar, a una carretera. 



El pueblo estaba cerca y algunos planteamos alargar la ruta, porque no queríamos que se acabase. Parte de la comitiva venía castigada y no quería continuar. Nos quedamos con las ganas y haciendo uso lógico del raciocinio, pusimos punto y final. Descendimos al pueblo, con la inesperada sorpresa, que no era Linares de Riofrío. ¿Dónde estábamos?, ¿nos habíamos perdido?, miles de preguntas invadieron nuestra cabeza. Cristi tomo cartas en el asunto; el GPS no funciona, no me va. Creo que nos hemos perdido. Todos esbozamos una sonrisa de complicidad. En ningún momento nos pusimos nerviosos. La ruta había sido magníficamente guiada y a pesar de este pequeño revés, estábamos seguros que Cristi encontraría respuesta a esta encrucijada casual .Este momento divertido, de no saber dónde te encuentras, finalizó repentinamente, preguntando a una paisana del pueblo. Amablemente la señora, nos indicó, que estábamos a 6 km de Linares de Riofrio, por la carretera. Le preguntamos si sería posible ir por camino. La señora de la serranía, hizo un gesto de negación, confirmándonos que el único camino era por carretera. Lamentamos profundamente la respuesta emitida, ya que somos partidarios de utilizar lo menos posible, esa zona de asfalto y gravilla, que tanto daño hace al ciclista, año tras año. Con la idea de partir y que no se hiciera muy tarde, olvide preguntar el nombre del pueblo, donde por circunstancias del destino, habíamos acabado. Agradeciendo gentilmente los servicios prestados, pusimos rumbo a Linares.


Mis piernas pedían un poco más de kilómetros y decidí vaciar la energía que tenían. Enseguida 
me puse en cabeza y comencé a tirar de plato grande. Metí toda la tranca y comencé a coger ritmo, con la idea de estar el mínimo tiempo posible en carretera. Tenía gas, después de la dureza de las subidas, pero cuál fue mi sorpresa, que el núcleo de mi bici, dijo basta. Durante la ruta, ya había advertido, que cada vez más me fallaba la cadena. Era curioso, quería llegar cuanto antes, pero lo mismo no llegaría. Mi cadena hacía molinillo y engranaba muy mal. Hacia esfuerzo por avanzar, pero definitivamente el núcleo no daba más.

Empezaron a pasarme, como si el tío del mazo, hubiera hecho acto de presencia. Quería, pero no podía. Los kilómetros avanzaban y esperaba ansiosamente que el pueblo estuviera cerca. La frustración era más que evidente, parecía eterno. Los ánimos de los compañeros, mitigaban mi deseo de poner pie a tierra. Suave, tengo que pedalear suave. Las indicaciones de mis compañeros eran claras y precisas, no podía apretar. Sucesivamente iban adelantándome y la idea de si llegaría al pueblo montado, resultaba un espejismo. En el horizonte vislumbro el pueblo, el final se acerca. Después de un repecho y mucha paciencia, mi objetivo de llegar montado en la bici, es una realidad. La curiosa anécdota, tiene un final feliz. Por fin llegó. Este pequeño percance, no resta ni un ápice, la extraordinaria ruta realizada. ¡Que pasada de lugar!, ¡Que disfrute!, ¡Espectacular!, ¡Increíble!, me quedo sin adjetivos. Maravillosamente perfecto. 
Una mañana para recordar y una compañía extraordinaria. Me siento exultante de lo acontecido.

Cargamos las bicis en el carro y comenzamos a cambiarnos en plena plaza serrana. El frió era aterrador y aceleramos la actividad. Terminamos de arreglarnos y decidimos acudir al restaurante que nos habían recomendado. El establecimiento en cuestión, era un antro antiguo y peculiar, tenía una barra centenaria, como si se hubiera detenido el tiempo. Se asemejaba perfectamente a la descripción realizada por nuestra compañera, Neli. Un señor nos atendió gentilmente. Reservamos la mesa, con la intención de tomar unos aperitivos previamente. El momento era preciso para intercambiar opiniones, acerca de la ruta. Nuestras sonrisas, denotaban el día que habíamos vivido. El esfuerzo realizado, permitía gustosamente devorar, las viandas que nos ofrecían por los diversos lugares de la zona. Decidimos poner punto y final y encaminarnos al restaurante. Reconozco que la primera impresión, no había sido buena. Algo en mi mente, daba vueltas constantemente, sobre la elección del lugar. Pasamos al comedor y este estaba lleno. Tenía un toque más de modernidad. Tomamos asiento y nuestras dudas abarcaban todos nuestros pensamientos. Una camarera de mediana edad, muy simpática, se dirigió a nosotros. Cual fue nuestra sorpresa, que el menú estaba compuesto de maravillosos platos. Decidimos elegir la opción del menú. En mi caso elegí, patatas con marisco de primero y tostón cochifrito de segundo. Estaba espectacularmente bueno, aparte de la generosidad de las raciones, tenía un sabor exquisito. Vaya por donde, ese restaurante cutre, resulto ser una magnifica elección. Por no decir, el buen trato recibido, por parte de la empleada. Quería que nos hartáramos a comer, para dejarnos súper contentos. El colofón, lo puso el enorme postre que nos llevó. Un buen remate final, a un día excepcional. 
Tomamos un café y pusimos rumbo a Peñaranda de Bracamonte.
Manuel (piru)



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Btt San Juan 15

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